#LaCámaraErrante | “Los Americanos”

Ver en la revista (Recomendado)

Hoy les quiero hablar de un hombre que si bien no ha sido un fotógrafo de viajes en estricto sentido, documentó a los Estados Unidos mediante un viaje por 48 estados americanos que duró dos años.

El resultado de este trabajo fue un libro que se tituló “Los Americanos” y los críticos lo destrozaron. Las imágenes estaban mal encuadradas, mal iluminadas, eran borrosas, completamente ajenas a la “academia” En “Los Americanos” Frank se olvidó del sistema de zonas, del punto focal, de la composición rigurosa y de todo aquello que representaba la estética aceptada en ese momento.

Pero “Los Americanos” hizo un gran aporte a la fotografía. Trajo al arte de capturar imágenes la categoría de fotografía documental subjetiva en donde, en palabras del propio Frank “mirar hacia afuera tratando de mirar hacia dentro” era lo importante. No si el sujeto estaba bien encuadrado, o nítido; lo importante era que el que se enfrentaba con las imágenes pudiera verse reflejado allí; en lo cotidiano en lo banal, los cafetines, los bares a la orilla de la carretera, los autobuses, los ascensores; esos sitios desprovistos de grandeza y, por que no decirlo, de la sensación épica que daban los anteriores trabajos de gente como Ansel Adams, Eugene Smith, Edward Weston, que se dedicaron a la majestuosidad de los paisajes americanos y a lo interesante del estilo de vida del gigante del Norte.

Frank presentó en su libro toda una narrativa que es una sutil expresión de todo lo que detestaba en su país adoptivo. Nacido en Suiza de una familia judia acomodada, a los veintitrés años se trasladó a Nueva York en donde trabajó para revistas emblemáticas como Harper´s Bazar entre otras. Encuentra inquietante el racismo, la presión social dirigida al consumismo y las obsesiones americanas por posiciones “edulcoradas” de perfección y dobles estándares.

El libro, patrocinado por la prestigiosa beca Gugenheim, no fue publicado por los miembros que otorgaron el premio. Estos miraron con horror el resultado del trabajo y Frank tuvo que irse con su música a otra parte hasta dar con Jack Kerouak quien fascinado promete escribirle el prólogo. El libro con 83 fotografías, algunas densas, de espacios totalmente abiertos, miradas perdidas, otras perfectas, rigurosamente académicas consigue debutar con Robert Delpire quien publica el impredecible y fascinante “Les Americains” en Francia. Mas adelante el sello Grove Press saca “The Americans” con la introducción de Kerouak. En 1962 Robert Frank fue homenajeado con dos exposiciones en el Art Institute de Chicago y en el MOMA. Después de haber sufrido las bajas ventas del libro y de haber recibido amargas críticas de revistas como “Popular Photography” entre otras, Robert Frank estaba viajando en la cresta de la ola. Hoy en día, su trabajo es comparado con la obra de Tocqueville “La democracia en América”. Nada mal para alguien otrora despreciado por los puristas del oficio y por lectores que dijeron que “aquella no es nuestra América. Más bien se parece a Rusia”.

Robert Frank con su lema “mirar hacia afuera tratando de mirar hacia dentro” ejemplifica la subjetividad que todo fotografo viajero debe experimentar al enfrentarse con una posible toma; con su desapego a las formas cuando era necesario para expresar un sentimiento y por el contrario, utilizando todos sus extensos conocimientos cuando era requerido para el mismo propósito influenció la manera de fotografiar en los años 60 y sigue siendo una gran referencia en la fotografía contemporánea. Inspirando a personas como Diane Arbus, Mary Ellen Mark y a cineastas como Wim Wenders. De hecho, ha metido la mano en el cine codirigiendo algunas películas.

En Wikipedia surge esta interesantísima nota al respecto:

“…Su documental de 1972 sobre los Rolling Stones, Cocksucker Blues, es considerado su mejor filme conocido. El filme muestra a los Stones durante su gira del 1972, envueltos en el uso de drogas y el sexo en grupo. Pero quizás lo más que perturbó a los Stones cuando vieron el producto final, fue la manera franca en que Frank capturó fielmente la soledad y desesperación de la vida en la calle. Mick Jagger le indicó a Frank, “Es un jodida buena película, Robert, pero si se muestra en América nunca más nos permitirán en el país.” Los Rolling Stones demandaron para impedir que el filme fuera lanzado, y se discutió si los derechos de autor sobre el material filmado recaían sobre Frank o sobre la banda. La corte resolvió la disputa restringiendo la exhibición del filme a ser mostrado no más de 5 veces al año y solo en presencia de Frank. La fotografía de Frank también apareció en la carátula del álbum Exile on Main St. de los Rolling Stones…”

Otras películas realizadas por Frank incluyen Keep Busy” y “Candy Mountain”, ambas co-dirigidas junto a Rudy Wurlitzer.

“Intento atrapar de nuevo lo que he visto y oído. Lo que he sentido; lo que sé. No existe un momento decisivo. Hay que crearlo. Tengo que hacer lo necesario para que aparezca delante de mi objetivo.” Robert Frank.
Interesante, ¿No?

Ver en la revista (Recomendado)

#LaCámaraErrante | Bernard Plossu.

Ver en la revista (Recomendado)

Bernard Plossu

Este mes te quiero presentar a Bernard Plossu. Plossu es un fotografo francés que ha hecho carrera de la fotografía de viajes. Transcribo a continuación la entrevista que le hizo la revista española Ojos Rojos que puede ser muy interesante para todos aquellos que nos dedicamos a la fotografía. Es relevante lo que significa para Plossu fotografiar durante los viajes y mucho más su evolución como artista. Sus comienzos, su hoy, su mañana. Me encanta lo que dice sobre las cámaras caras. No tanto lo que dice sobre el reencuadre. En general es una entrevista ilustrativa y enriquecedora:

¿Cómo empezaste en este oficio?
Te respondo mejor cuando que como. Empecé de niño con 9 o 10 años, con una pequeña cámara; fotos de globos en la Place de L’Etoile, desde la cubierta de la torre Eiffel, en color. Después a los 13 años en el Sahara con una Brownie flash en blanco y negro. En Ouragla o Guardaia, donde mí papá me llevara….
una iniciación al desierto, al viaje y a la fotografía. Y entonces,el viaje mexicano. Viajar en la carretera sin rumbo en el 65/66 …esto siguió a los años que pasé en la Cinemateca de París de 1960 a 65, para ver a los grandes clásicos: Dreyer, Bergman, Buñuel, Mizoguchi, etc . Películas como “Silencio”de Louis Delluc o “Los olvidados” me marcaron de por vida. “Vera Cruz” de Robert Aldrich también, la he visto muchas veces y en muchos idiomas. También en el barrio latino viendo películas de la Nouvelle Vague, ¡todas!. Mi favorita: “La vida al revés” de (Alain) Jessua. Y “La balada de Cable Hogue” de Sam Peckinpah. De vuelta de México con 21 años en el 67 en París me convertí en fotógrafo: ilustrador, fotos para archivos, revistas
mensuales… ser “artista” no existía. ¡Mis exposiciones y publicaciones en revistas como Camera no llegaron hasta los años 70!

¿Te acuerdas de cuál fue tu primera cámara?
¿Primera cámara? Más bien primeras cámaras : una cámara de juguete, una especie de Instamatic para niños, después a los13 años una Brownie Flash, más tarde desde los 16 años a los 20 una Kodak Retinette para retratar a mi bella amiga Michèle de la cual estaba enamorado. Después una Pentax y finalmente unas Nikkormats que todavía uso hoy en día. También hubo un montón de cámaras de juguete en mi vida desde 1970, Agfamatics, Prestinox, Kodak Strech … y otras pequeñas cámaras de plástico que compraba en el estanco de Nijar en España.

¿La primera foto o fotógrafo que te impresionó?
El pintor Mondrian, a los 14 años. ¡Y los cineastas! La cámara al hombro del director de fotografía de Godard y Truffaut: Raoul Coutard. También el Cinemascope de los western americanos de los años 50. No me acuerdo de un fotógrafo en concreto cuando empecé. Leía Photography Annual, la revista estadounidense, y también Look y Twen, una revista alemana que publicaba a Will Mc Bride.Compré un libro de Bill Brandt. Después me metí en la historia de la fotografía, ¡allí hay tantas cosas que he admirado! Mi mayor pasión era Frederick Monsen, un danés que fotografíó a los indios Hopi en Arizona con una pequeña y simple Kodak a finales del siglo XIX. Pero por supuesto me encanta Strand por sus fotografías y su elección de vida. Sudek también, pero todo eso fue una vez que ya conocía bien la historia de la fotografía y eso no es lo que preguntabas.

¿La última foto o el último fotógrafo que te ha hecho sentir lo mismo?
Recientemente, he recomprado de saldo el libro de Paul Strand ” The Outer Hebrides of Scotland” Es EL LIBRO, y una obra esencial de la fotografía. Está todo; la discreción, la composición, la atmósfera. ¡Strand es simplemente el mejor! Además, es un hombre formidable que huyó de los EE.UU a causa del MacCarthismo y vino a instalarse para acabar sus días en una pequeña casa en Francia, donde cultivaba y fotografiaba su jardín. Huyó de los honores y la gloria de Nueva York, para ir a vivir una vida simple. Un gran hombre, además de un gran fotógrafo. Siempre podemos aprender todo lo que es la fotografía viendo las imágenes de Paul Strand.¡ Aviso para jóvenes fotógrafos!

¿Con qué cámara sueles disparar? ¿Te da igual una que otra?
Sólo utilizo mis viejas Nikkormat. Tuve un Brownie Flash a los 13 años, una Kodak Retinette, despues una Pentax en la selva de Chiapas y en Big Sur una pequeña Nikon… pero casi después de medio siglo de tomar fotos, es la sencilla Nikkormat a la que le he sido fiel. ¡Además, no es cara! Nunca he tenido una Leica. Cuando cobraba algo, me lo gastaba en comprar unos billetes de avión para viajar, ¡y no en una Leica! (De todos modos, no me gustan los mitos, y no tengo necesidad de hacer lo que me dicen sin parar. ¡No porque grandes fotógrafos hayan usado una Leica tengo que dejarme convencer para hacer lo mismo! ). La Nikkormat es sólida, barata y lo suficientemente buena para mí. Pero también he usado “cámaras de juguete” porque adoro esos pequeños aparatos donde no hay que hacer nada. He tenido Agfamatics, cámaras panorámicas desechables ,cámaras de plástico que compraba en el estanco de Nijar. Con todo esto hacía fotos, ya que no es la cámara la que hace al (buen) fotógrafo, si no el ojo y la mente. Además, que placer , estos pequeños dispositivos donde no hay nada que ajustar más que “Nublado” o “Soleado” (Véase el libro “Nuages / Soleil” y “Los Años Almerienses con cámaras de juguete “).

¿Tienes una óptica favorita?
Sí, sólo el 50 mm, que es discreto y tiene la óptica más cercana a la visión del ojo. Es como la cámara al hombro del camarógrafo de Truffaut y Godard, Raoul Coutard y además no hay ningún efecto con el 50; visión directa, tal cual. Gauguin dijo: “los efectos están bien para hacer efectos”. Tuve un gran angular, pero deformaba demasiado la realidad, no es lo mío. Dejé de utilizar el 35mm. cuando estuve en Agadez (Niger). He quemado muchos negativos usando el gran angular porque no es mi idioma. Por ejemplo en mi libro “Surbanalisme”, la mayoría de las fotos son malas porque, por desgracia, utilicé un gran angular en esa época. Y los teleobjetivos aplanan, ¡también engañan! por lo tanto me quedo con el 50 mm. que es la única visión del ojo. (cuando utilizo cámaras de juguete, me conformo con lo que hay).

¿Qué prefieres disparar a tiempo y hacer lo que esperabas o no llegar a tiempo y sorprenderte?
¿Esperado? ¿Sorprendido? ¡El fotógrafo tiene el azar que se merece! Pasan tantas cosas a su lado, detrás de él, a los lados. Una buena foto no habla sólo de lo que tiene delante, sino de todo lo que tiene alrededor. Disparo más cosas,momentos inesperados, que momentos planeados. ¡El azar es la llave de la fotografía inteligente! ¡Cazamos el azar!

¿Reencuadras las fotos?
¡En absoluto! Tal vez lo haya hecho 2 o 3 veces, porque haya tenido un problema con una cortina lenta en una cámara y eso mostrara una mancha negra en un lateral de la imagen pero si no, no es una opción. Fotografiamos lo que vemos. El reencuadre es demasiado fácil. Si uno reencuadra, puede disparar al tuntún y luego reencuadrar y ya está. Así, ¿dónde está el talento de VER?

¿Cómo te has adaptado al mundo digital?
Nada de fotografía digital para mí, mi respuesta es sencilla. ¡Paso demasiado tiempo delante de una pantalla respondiendo a mis jodidos emails! No quiero ver también lo que hago visualmente en la pantalla de un ordenador. NO. También necesito esa disciplina de las 36 imágenes por rollo. Odio la idea de tener una jodida memoria con 600 fotos, es muy malo para la inteligencia de la fotografía.

¿Digital o químico? ¿Por qué?
Plata, argénteo. Nada de digital. ¡Basta!

¿Qué películas utilizas?
¿Película? La cámara siempre está preparada con película de 400 asa . Conozco la película y por lo tanto siempre estoy listo para disparar sin importarme la luz. Tri-X o la Ilford HP-5. En color; antiguamente me encantaba la diapositiva Kodachrome por desgracia ha desaparecido así que utilizo lo que encuentro en 200 asa; Kodak, Fuji, lo que sea. Las imprimo por el método Fresson.

¿Cómo ves el panorama a día de hoy?
¿El panorama a día de hoy? Cuidado con el arte. Ya no es “el mercado del arte, si no el arte del mercado “. No le digas a los jóvenes que ser artista es un trabajo: es mentira, y si no tienen éxito, ¡se dan unos batacazos! El trabajo de un fotógrafo es ganarse la vida. Si una fotografía pide una ampliación grande, que así sea, si solo es para “seducir”, mal vamos. El tamaño de la impresión tiene que ver sólo con el significado de una imagen, no con las ventas en el mercado del arte ¡Por favor¡. Hay imágenes sorprendentes de fotógrafos actuales que tienen sentido en un gran formato. Pero cuidado, nunca digas de ti mismo:”Soy un artista” Otros lo pueden decir, ¡no tú!

Uno de las hechos más sorprendentes de tu carrera es tu temprano inicio en la fotografía. Nos has contado en nuestro cuestionario que ya a los 9 años hacías fotos. ¿Siendo tan niño, qué fue lo que te llamó la atención de la fotografía? ¿Qué recuerdos, qué sensaciones, tienes de aquellas primeras fotos?

Bueno, me acuerdo muy bien de cuando mis padres me regalaron una cámara de juguete a los 9 años. Tomé muchas fotos en color del París de mi infancia. Los globos de la Place de l’ Etoile , el puente cerca de la Torre Eiffel. ! Me encantó de inmediato! Hace algunos años las encontré y las hice imprimir por el método Fresson. Entonces mi padre me llevó a los 13 años al Sáhara con una Kodak Brownie Flash. Fue una iniciación a la fotografía, al desierto, al viaje, !wow! En las paredes de casa estaban colgadas las fotos de mi padre de cuando cruzó el Sahara en 1937.Luego apareció Michelle, la bella dama que me inspiró tanto desde los 18 años a los 20 a quien fotografiaba todo el tiempo con una pequeña Kodak Retinette y filmaba con una cámara barata de cine en 8 mm. !influenciado por la Nouvelle Vague! Y después … Le voyage mexicain 65/66!

Al revisar tu trabajo, uno tiene la sensación de haberte acompañado en tus viajes mirando por la ventanilla de la parte de atrás del coche. ¿Hasta qué punto viajar es necesario para tu realización en la fotografía?
Viajar no sólo nos enseña fotografía,! nos enseña a vivir! Cuando uno es joven, viajar es necesario para aprender de que va el mundo. Otros idiomas, pero también, otros estilos de vida, otros olores, otros alimentos. Alejarse de la comodidad. Hay que olvidar la vida ordenada y partir a cualquier lugar. Dejarse seducir por las sorpresas. Siempre intentar llegar al final del camino, donde terminan los mapas, !donde no hay ya nada! Más tarde, con la edad, podemos viajar por nuestro propio país para redescubrir nuestras raíces.

Algunos viajan por amor, otros para ver a amigos, otros en busca de aventuras. ¿Cuál es la razón de tus viajes?
Vaya, ¿es necesario tener una “razón”? Ser “razonable” es una tontería, ¡ja,ja! Vamos por ir, no por una razón. Pero sí, en algunos casos sí que hay alguna. En el caso de mis viajes africanos sí que tenía un motivo: conocer todos los pueblos nómadas del Sahel, desde el Nilo hasta Senegal, y escuchar susmúsicas (¡y tocar con ellos cuando fuera posible!) De todas maneras uno va a los sitios para conocerlos, como cuando uno quiere ir a Big Sur o a Oaxaca porque son sitios míticos o porque tiene amigos allí, claro. Pero una vez allí, uno debe de seguir su propio camino. Por ejemplo, todo el mundo va al suroeste de EEUU a Monument Valley porque es famoso, pero nadie va a un sitio que no está lejos llamado “Valle de la Dioses “. Es un sitio espléndido, !el verdadero salvaje oeste¡ !Tan cercano y tan desconocido!(No vayáis todos por favor, jajá, y si vais, !guardad el secreto del lugar con un silencio sagrado!)

En el caso del trabajo que realizaste en Huesca, ¿conocías de antemano esta región española? ¿qué fue lo que te motivó, te llamó la atención de esta zona para volver en repetidas ocasiones a realizar este trabajo? 

Mi pasión es andar por la naturaleza salvaje. En Huesca, me encontré de alguna manera como si volviera a Nuevo México en los años 70, !aunque con menos serpientes y osos! Me enamoré totalmente de la provincia de Huesca. Fui invitado por Teresa Luesma la directora del CDAN (un gran museo por aquel entonces ) para fotografiar la zona. Creo que fui allí cinco veces, a menudo acompañado de mi amigo murciano Pedro López otro amante de las caminatas. Íbamos a todos lados, y como siempre lo que me atraía eran las pequeñas carreteras. También impartí un taller donde hice a un montón de gente caminar por la naturaleza. Fue fantástico.Creo que he pasado algunos de los momentos más felices de mi vida en la provincia de Huesca; es una preciosidad. Llegado el momento de hacer una exposición y un libro, el título me vino de una maneranatural; “País de Paisajes/ The land of landscapes/ Le pays des paysages”. ¿Ves?, funciona en todos los idiomas.

En alguna ocasión has comentado que en Huesca no buscabas retratar la vida de los habitantes de esta región, sino sus paisajes. Al contrario que, por ejemplo, hiciste en tus primeros viajes a México y California. ¿Qué prefieres: paisaje o retrato? ¿Depende de tu estado emocional o de lo que te transmite cada territorio?

Hago las dos cosas. El “verdadero” fotógrafo tiene que hacer las dos cosas. La vida son árboles, calles, la gente, el dolor y la alegría. En el caso de Huesca no estaba allí para cubrir un reportaje social, sino para ver la naturaleza en su máxima expresión. Sin embargo, años más tarde, cuando el departamento de cultura de Marsella me contrató para fotografiar las religiones de allí, sólo fotografié personas, !por supuesto! La lente de 50 mm me permite hacerlo todo. Cada situación tiene su propia historia.

Cuando llegas a un lugar nuevo, ¿comienzas a tomar fotos de inmediato o te tomas tu tiempo paracogerle el pulso al nuevo entorno antes de empezar a fotografiarlo?
¡De nuevo te respondo que las dos cosas! Depende. Es siempre el lugar, el momento, el que me dice quéhacer, nunca es preconcebido. Dejo que la situación se haga cargo, el momento sabe muy bien lo que debe hacer. Como ya he dicho, las imágenes me toman a mí, yo no tomo las imágenes. Esa es la clave, ¿no?

Huesca, Murcia, Cabo de Gata, Valencia… tu relación con España es intensa. No sólo has realizado aquí numerosos de tus reportajes, sino que además has vivido varios años en Andalucía con tu familia. ¿Cómo definirías o describirías tu “experiencia española”, tanto en el ámbito profesional como en lo personal?
Sí, esta es una larga historia de amor y pasión. Primero a principios de los 70 con la gente de Nueva Lente, Carlos Serrano y PPM (Pablo Pérez-Mínguez) y las primeras fotos de Barcelona que acaban de salir en un libro, “Barcelona 74″. (Publicado por María Luisa Samaranch en SD.Edicions con un texto de Jacques Terrasa). Después, al volver de América, me enamoré de la fotógrafa Françoise Núñez que conocí en Toulouse y me llevó a ver a su familia en la provincia de Almería. Acabamos viviendo en el Cabo de Gata varios años criando a nuestros hijos. También trabajé con (Pep)Bonet, (Josep Vivent) Monzó y (Emmanuel) Guigon en el IVAM. Con Rafael Doctor que hizo tres libros estupendos conmigo con Carlos Serrano de diseñador gráfico. Luego fui mucho a Madrid para ver al gran Baylón, el exquisito (Javier) Campano, etc. También he trabajado mucho con Paco Salinas en Murcia / Cartagena, luego con (Salvador) Albiñana que sacó adelante varios de mis proyectos. Con (Marcelo) Fuentes, un pintor magnífico. Con el historiador de libros y comisario ( Juan Pedro) Font de Mora hice muchas cosas en Valencia y con el MUVIM. España es una gran parte de mi vida en muchos sentidos. He fotografiado durante mucho tiempo la península desde Sevilla hasta Santander pasando por Huesca.

Haces muchas fotografías desde vehículos en movimiento, parece ser una cosa que te agrada. ¿Existe alguna razón en concreto para ello?
Sí, la vida moderna transcurre casi la mitad del tiempo en vehículos en movimiento, entonces, ¿por qué debería dejar de fotografiar cuando me muevo? Al contrario, uso ese movimiento, aunque sea muy rápido, para ver y tomar fotos; por supuesto. Me encanta el escritor Michel Butor, quien describió el paisaje desde la ventanilla de un tren (“Les paysages intermédiaires “). Utilicé este título para mi exposición en el Centro Pompidou en 1988. Hay vida en tales movimientos. Y la fotografía trata de las imágenes de la vida que pasa…

¿Decides de antemano el uso del blanco y negro o del color?
Por lo general, cuando era más joven llevaba película de los dos tipos. !Quién sabe lo que sucederá! Por lo general era la luz, el clima, lo que me hacía decidir el tipo de película. En algunos viajes cuando utilizaba mis dos Nikkormat, cargaba una con color y una con B/W. Por ejemplo, en Taos, Nuevo México, tenía ambas cámaras cuando fotografié a la niña de la camioneta. En B/N es una imagen muy gráfica y ambiental, en la de color los colores son muy salvajes y agresivos, pero también dicen algo del día, de la forma de vida. Ahora, la mayoría de las veces llevo una sola cámara, así que cambio de película en algún momento en alguna parte. La decisión ocurre de una forma natural, aunque sigo tomando más fotos en B/N que en color.

En diversas ocasiones, has comentado que la fotografía se asemeja más a la escritura que a la pintura. ¿Por qué?
Sí, la fotografía no es en absoluto como la pintura. Lo más estúpido que uno puede decir sobre una fotografía es:”parece una pintura” !Es absurdo¡ Pero el proceso de la escritura, como autor, tiene mucha similitud con ser un autor que VE a través de la fotografía: observaciones, detalles, estados de ánimo, !es lo mismo! Incluso las viejas maquinas de escribir se parecen a las cámaras antiguas, emocionalmente, quiero decir, por su manera de transcribir los sentimientos.

¿Cuál va a ser es tu próximo proyecto o viaje?
¿El próximo? No quiero ser supersticioso, así que diré que muchos paseos por las montañas.

Por último, aquí va un video con otra entrevista y con algo de su trabajo.

Ver en la revista (Recomendado)

#LaCámaraErrante | Pioneros en la fotografía de viajes.

Ver en la revista (Recomendado)

Seguimos con pioneros en la fotografía de viajes.
John Thomson (1837-1921) nació en Edimburgo. Fue un geógrafo y fotógrafo escocés; uno de los primeros fotógrafos en viajar al Lejano Oriente.

Su obra es considerada como un ejemplo clásico del documental social que sentó las bases no solo para el fotoperiodismo sino para la fotografía de viajes realmente densa que mostrara cómo vive una particular cultura. En su caso, viajó por toda Asia con su cámara fotográfica voluminosa de madera, placas de vidrio grandes y frágiles y los productos químicos potencialmente explosivas. Recuerden que estamos hablando del siglo XIX.

Después de sus estudios en la década de 1850, fue aprendiz de un fabricante de instrumentos ópticos y científicos. Durante ese tiempo conoció a profundidad los principios de la fotografía También realizó dos años de clases nocturnas en la Watt Institution and School of Arts; recibió el certificado de competencia en filosofía natural y en matemáticas y química. En 1861 se convirtió en miembro de la Real Sociedad de Artes de Escocia.

En 1862 viajó a Singapur para unirse a su hermano mayor, William, relojero y fotógrafo, con el que estableció una empresa conjunta para la fabricación de cronómetros marinos, ópticos y de instrumentos náuticos. Fue el inicio de un período de diez años dedicado a viajar por todo el Oriente.

Estableció un estudio fotográfico en Singapur, en el que se dedicó a tomar retratos de los comerciantes europeos, y desarrolló un gran interés por las poblaciones locales. Viajó extensamente por todo el territorio continental de Malasia y la isla de Sumatra, explorando las aldeas y documentando los pueblos indígenas y sus actividades. Después visitó Ceilán y la India, deteniéndose en la destrucción causada por los ciclones recientes. Vendió su estudio de Singapur y se trasladó a Siam. Después de su llegada a Bangkok en septiembre de 1865, realizó una serie de fotografías del rey de Siam y otros altos miembros de la corte real y el gobierno.

Entre 1868 y 1872 se estableció en Hong Kong. Abrió un estudio en el edificio del Commercial Bank, y pasó los siguientes cuatro años fotografiando el pueblo de China y registrando la diversidad cultural china. Fijó su interés en fotografiar paisajes, la gente y la arquitectura, además de las escenas domesticas y callejeras.

Viajó por toda China, desde los puertos comerciales del sur de Hong Kong y Cantón a las ciudades de Pekín y Shangai, a la Gran Muralla en el norte, y a la desconocida China central. De 1870 a 1871 visitó la región de Fujian, viajando por el río Min en barco, y luego visitó Xiamen y Shantou. Visitó la isla de Formosa, y pasó los siguientes tres meses viajando 3.000 millas hasta el río Yangtze, alcanzando Hupeh y Sichuan.

Y volviendo a mi premisa de que escribir crónicas literarias se asemeja a hacer fotografía de viajes quiero que pienses un momento en un texto de Javier Reverte, autor de, entre otras cosas, “Vagabundo en África” a propósito del autor Bruce Chatwin, uno de los mas grandes escritores de crónicas de viajes:

Decía Bruce Chatwin que “viajamos literariamente” y mi buen amigo Manu Leguineche afirma que “todo viaje comienza en una librería” Es verdad. No hay buen viaje sin un libro que nos haya despertado una ensoñación. Y no hay, para algunos, un gran viaje si no tiene por objetivo un libro. ¿Viajamos para escribir? Quién sabe si lo que sucede es que, por el contrario, escribimos para poder viajar. Ir solo y con maleta ligera, ojo avizor, billete de ida y no de vuelta, rumbo no demasiado estricto, oído abierto ante el extraño, nada de compras y hacerle caso al miedo. Son las normas. Es mejor llevarse toda la ropa usada, ir dejándola en las pensiones porque a alguien siempre le puede venir bien, y comprar en mercadillos la que te haga falta, para abandonarla luego. Vale aquello que decía John Huston en sus memoria: “A mi edad no compro nada que no se pueda beber. El único equipaje imprescindible son los cuadernos de notas y los bolígrafos. No saber cuando regresar produce una sensación de tiempo detenido, por mucho que andes, y eso encaja con la literatura, que es una manera de retener el tiempo. Esta bien ir a las iglesias y a los bares donde las almas solitarias buscan cobijo y calor humano y las gentes están dispuestas a enrollarse con el primero que encuentran. Sin voces en tus oídos, no hay libro de viajes que merezca la pena. Un cambio de rumbo, en función del capricho o la casualidad, tirando a un lado el plan de ruta que llevabas trazado, puede abrir un mundo delante de tus pies. Y pies en polvorosa en las situaciones no controladas. Hacerse el héroe no lleva a ninguna parte ni produce admiración al prudente lector. El viaje literario es el más rentable porque lo haces tres veces: al planearlo, al pisar el camino y al escribirlo.

Todo esto aplica a la fotografía en mi opinión. ¿Qué piensas tú? Es poco probable que puedas hacer eso de “un cambio de rumbo”, en función del capricho o la casualidad, tirando a un lado el plan de ruta. Tampoco es muy fácil simplemente quedarte en un sitio pero de pronto podemos equipararlo a la actitud mental de mirar tu alrededor con otros ojos. Con los de la investigación, con los de la curiosidad. Con fantasear con quedarte ahí.

¿No?

Te dejo con un pequeño ejercicio para poner a funcionar tus neuronas creativas antes de un viaje:

Describe con una fotografía el cuarto en que duermes. Hazlo con detalle y de alguna manera incorpora tu rutina antes de acostarte. Eso abrirá espacios de observación que te serán muy útiles al momento de enfrentarte a una escena y buscar en ella la mejor composición, la mejor luz, la mejor historia.

Hasta la próxima.

Ver en la revista (Recomendado)

#LaCámaraErrante | Para quien van sus fotos.

Leer en la Revista (Recomendado)

Quiero seguir presentándote fotógrafos viajeros que han cambiado mi manera de ver la fotografía que yo hago. Como lo dije en la primera edición de esta columna, hay que investigar lo que otros han hecho ya. Aprender de sus experiencias. Cultivar tu mirada fotográfica a partir de la de otros. Mientras tanto, te pido que medites sobre lo que quieres hacer con las imágenes de tu último viaje o con aquellas que vas a tomar en tu próxima expedición. ¿Irán a un blog que estás pensando montar? ¿Quieres publicarlas en una revista de viajes? ¿Quieres documentar una situación? ¿Sólo son para mostrarlas a tus amigos y familiares? ¿Estás pensando acaso en hacer una exhibición en esa galería que tanto te gusta? Es algo que dejo a tu consideración porque la edición de ese grupo de fotos que tomaste, por ejemplo, en la catedral de Westminster y la manera como tomas esas imágenes va a depender mucho de cúal público quieras que las vea.

Me encontré en la web a uno de mis fotógrafos favoritos y hablar de él me va a servir doble propósito no sólo porque en una entrevista que le hicieron, de la que transcribo parte, con motivo de su premio National Geographic, nos cuenta un poco sobre su proceso fotográfico sino porque además nos refiere algo de lo que escribí en el párrafo anterior: Para quien van sus fotos.

Aquí les dejo un video de una de sus sesiones:

http://www.youtube.com/watch?v=nbvXctfUEns

“….Dentro de Nomad Expediciones Fotográficas realizas varios viajes al año y por tanto muchísimas fotos. ¿Cuál fue el proceso para saber que que debías elegir esta fotografía para presentarla y no otra? ¿alguna historia que la haga especial?

No suelo presentarme a certámenes. Creo que este es el tercero en toda mi vida. De hecho en esta ocasión lo hice “in extremis”. Las fotografías se presentaron una hora antes del cierre del certamen National Geographic 2012. En cuanto a la selección, en el apartado “Places” (lugares) se solicitaban fotografias que reflejara el ambiente de un lugar y, en Benarés, ese lugar es claramente el Ganges y en el Ganges lo que define el lugar es la relación de los fieles con el río, las ofrendas, las ceremonias religiosas. El equilibrio de luces era mágico, se mezclaban la luz de las velas con la iluminación exterior, en la esquina superior derecha, al mismo tiempo que la niebla difuminaba el horizonte. La rivera del Ganges formaba una diagonal casi perfecta de esquina a esquina del encuadre. Es una fotografía clásica que, claramente, describe el ambiente del lugar, tal y como solicitaba el National Geographic.

Esta pacífica fotografía fué realizada en medio de una avalancha de pregrinos, a las 5 1/4 de la mañana, antes del amanecer. Me planté en medio, como he hecho en otras ocasiones, con el trípopde y la cámara, haciendo equilibrio sobre el barro que linda con el río. Las foto la tomé “a la antigua”, esto es, mirando por fuera de la cámara, con un disparador manual. En estas ocasiones la falta de luz y el lío hace que, para encontrar el momento justo de disparo, sea más razonable hacerlo así….”

Preparando los rezos en el Ganges. Harry Fisch para Nomad Expediciones Fotográficas (Primera foto a la derecha), fue la ganadora del premio National Geographic del 2012. Fisch quien era el primer español en ganar un premio de tal categoría, vió sus ilusiones rotas poco después ya que fue descalificado por el jurado del concurso por haber eliminado una bolsa en la escena en lugar de buscar un mejor encuadre.

Sigamos:

“…- La psicología, el buscar el momento, hacerte participe de lo que te rodea… son unas pocas características a tener en cuenta dentro de tu estilo de fotografía, ¿qué otras características son importantes junto a la de documentar la realidad?

Pues… Lo cierto es que yo no me considero un documentalista de la realidad.

“Mi” realidad es particular, consiste en ver a mi manera, especialmente esteticista, un momento, una mirada que guardan una relación con un modo determinado de ver un lugar, una cultura.

En la mayoría de los casos intento establecer un contacto visual con el fotografiado, intenso, cercano.
Muchas veces me sorprende lo que he visto sin ver. No busco “cazar” a nadie, pero tampoco disfruto con el posado. Lo hago con la recreación de un ambiente e intento contar una historia en un fotograma. Con la visión más de cineasta que de fotógrafo. . Por esa razón utilizo en la mayoría de los casos gran angulares. ¡ Un 50 mm es para mí un teleobjetivo !

No sé porqué, disfruto con la cercanía física y la relación personal . Me interesa reconducir el momento y crear una relación que finalmente se refleja en una fotografía.

– Y para terminar, ¿podrías dar algún consejo a la gente que le apasione este tipo de fotografía y aún están comenzando o quieran comenzar?
Si hay algo esencial, que cuesta mucho tiempo dominar, es la pausa, la observación calmada: el tiempo necesario para ver antes de fotografiar. Jugar al ajedrez mientras te persigue un tigre.

Sinceramente pienso que los buenos fotógrafos de viaje y de conflicto desarrollan la capacidad de mantener la visión, a veces inconsciente, y no dejarse llevar por el ansia de disparar a diestro y siniestro con la cámara.

No se trata de ver si hay suerte y “tomar” una foto. Las fotos se crean y esto no se hace con la cámara, sino con la cabeza y el corazón.
En definitiva, hay que desarrollar la técnica solo para poder olvidarse de ella y centrarse en lo verdaderamente importante: lo que está ocurriendo delante de ti, los diferentes factores (personas, luces, cosas) que vas a inmortalizar en la imagen y concéntrate en lo que quieres contar. Creo que esto es lo más complicado para un fotógrafo…” (Mira la entrevista completa en www.xatakafoto.com)

Leer en la Revista (Recomendado)

#LaCámaraErrante | Koudelka

Leer en la revista (Recomendado)

koudelka

En la edición pasada les presenté un fragmento del poema “Itaca” de Konstantin Kavafis. En él, y durante toda la obra, el poeta hace referencia al mítico viaje de Ulises en la Odisea, escrita por Homero de quien no se sabe mucho. Ahí se narra la vuelta de Ulises hacia su patria Itaca al finalizar la guerra de Troya. Kavafis proyectó en esta obra su visión de la vida, utilizó la leyenda del largo viaje y la asoció con la idea de conseguir los sueños. Aquí termino transcribiendo el resto del poema:

“Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
En que llegues ¡con qué placer y alegría!
A puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
Y hazte con hermosas mercancías,
Nácar y coral, ámbar y ébano
Y toda suerte de perfumes sensuales,
Cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
A aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar ahí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
Y atracar, viejo ya, en la isla,
Enriquecido de cuanto ganaste en el camino
Sin aguantar a que Itaca te enriquezca
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Asi, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
Entenderás ya qué significan las Itacas”.

En la cultura de occidente, Itaca connota meta, llegada, logro. El poema, sin embargo, coloca el énfasis en la importancia del recorrido, un camino que debe estar abierto a todas las experiencias que constituyen la vida, los goces del mundo, la adquisición del conocimiento; el viaje que es, en si, la vida.

¿Que tiene que ver todo esto con fotografía? Pues que viajar implica de alguna manera un cambio. Una mudanza, un traslado. Viajar trae la idea de movimiento y fluidez. En un viaje hay intercambio de ideas, de visiones y pensamientos. Si abres tu mente a estas posibilidades serás un viajero; no un turista más y tu fotografía mostrará eso. Y podrás pintar una escena; describirla sin necesidad de palabras. Hacer una verdadera crónica de un viaje que inclusive pudo haber sido solamente interno.

Eso me trae a Josef Koudelka quien para mí es un paradigma del fotógrafo viajero. Comenzó a captar imágenes a los catorce años. Estudió ingeniería y se graduó en 1961 a la par que montó su primera exposición. Años después, dejó la ingeniería para dedicarse de lleno a la fotografía. En una entrevista para LOOK3 (Charlottesville Festival of the Photograph), Josef explicó que la libertad era una cosa esencial en su vida. Haciendo imágenes de producciones teatrales –sus primeros encargos- insistió en que le permitieran caminar entre los actores durante tres funciones. Evaluaba los resultados cada noche y procuraba mejorarlos en la siguiente sesión. Estaba tratando de hacer algo artístico a la vez que documental.

Mientras, viaja a Rumania y a Checoslovaquia y surge su primer proyecto “Gitanos”.

Según Anil Ramchand para Corbis, Koudelka recuerda como si fuera ayer cómo el pueblo entero caminó hacia él mientras se acercaba. Construir una relación con ellos era muy importante de manera que no comenzó a fotografiar enseguida. En lugar de eso, Josef compartió con ellos su amor por la música folclórica reproduciendo canciones en una vieja grabadora que llevaba. Eso ganó su confianza y mostró la profundidad de su personalidad.

En agosto de 1968, regresó a Praga y unos días después, los rusos invadieron. A pesar de no ser un individuo valiente, según dijo, su primera reacción fue tomar la cámara y capturar imágenes más para él mismo que para publicarlas.

Sus negativos fueron “extraídos” de Praga y entregados a Magnum bajo el nombre de P.P. para proteger su identidad. Josef Koudelka ganó la “Medalla Dorada Robert Capa” por este trabajo y aún bajo anonimato, dejó el país temiendo por su vida.

A partir de entonces, Koudelka se transformó en los gitanos que fotografió. Viajaba y aun lo hace, con cierta compulsión, con un saco de dormir, nunca permaneciendo más de tres meses en un mismo sitio, fotografiando para sí, nunca tomando un trabajo a tiempo completo. “Necesito viajar. Si permanezco demasiado en un solo sitio, encegueceré”

Vinieron más libros y más premios. Josef dejó de usar la 25 mm y cambió a panorámica. Aprendió a componer y su sentido minimalístico continuó. Comenzó a hacer paisajes y dejó a la gente de lado porque también disfruta de estar solo. Camina solo, sintiendo el lugar tanto como percibió el teatro y va a sitios porque sabe que hay una foto esperándole.

Aunque muchas de las fotografías de Koudelka celebran la vida, muchas otras son oscuras y tristes; pesadas y melancólicas. Cuando una periodista le preguntó si sus imágenes mostraban su visión del mundo contestó: “la madre de mi hijo, una señora italiana, me dijo una vez `Josef, vas por la vida y tomas toda esa energía positiva, y toda la tristeza, las tiras tras de ti y las dejas caer en el morral que llevas sobre tu espalda. Entonces, cuando fotografías, todo eso sale’
A lo mejor podría haber algo de verdad en eso”

Entonces: Ya preparaste tu viaje, investigaste el tipo de tomas que vas a hacer, es temprano, has sacrificado tu desayuno, tus compañeros de grupo están todavía durmiendo. Tienes tu ruta, has chequeado concienzudamente tu equipo, tienes suficiente memoria, la cámara tiene batería y llevas una de repuesto. A la calle.

Mientras paseas, recuerda a Josef Koudelka a quien no le interesaba hablar sobre sus fotos sino que dejaba que ellas hablaran por él. Observa todo con detenimiento, los colores, las texturas que te rodean. Conviértete en una esponja y absorbe todo lo que puedas. Como si tu mente fuera un pequeño libro de anotaciones en el cual no falta nada de lo que estás sintiendo. Luego enciendes tu cámara y empiezas a disparar. Sin prisa, sin pausa. Sin revisar tus tomas. No edites todavía. Camina un poco más. Detente un rato y sigue observando. Siéntate al lado de esa persona que te llamó la atención y comienza a conversar con ella. Ojo, es más fácil decirlo que hacerlo. Lo sé. He estado ahí; pero hay que intentarlo y si lo haces con genuino interés, lograrás que las tomas subsiguientes fluyan y tu visión única de lo que te rodea saldrá a flote junto con tu personalidad. Tus fotos sobresaldrán. Serán relevantes. Sobre todo para ti.

Dime ¿qué piensas sobre lo arriba expuesto? ¿Es letra escrita con sangre? ¿Crees que hay otras teorías? ¿Otros métodos, quizás? ¿Cuál es tu rutina? ¿Cómo te acercarías a tu próximo viaje? ¿Cómo lo has hecho hasta ahora? ¿Cuál es la imagen de tu última escapada que más te enorgullece? ¿Cómo la lograste?
¡Escribe! Me interesa tu opinión.

Hasta la próxima.

Contacto:
Mariflor.cruz@gmail.com

Leer en la revista (Recomendado)

#LaCámaraErrante | Fotografía de viaje.

(Leer en la revista)

laCamaraErranteAgosto01

Las artes se parecen. Se complementan, y mi teoría es que las reglas que aplicas para escribir bien, funcionan también para hacer buena fotografía. En el caso que nos ocupa, me refiero a tomar buenas fotografías en tus viajes. Fotografías que cuenten una historia. La tuya y ¿por qué no? la de aquellos que te acompañaron. Las aventuras, los encuentros normales, extraños, agradables y los no tanto. Encuentros cercanos o lejanos. En fin, todo lo que sucede en un periplo de aquellos y que al regresar quieres contar. La idea es que lo refieras a través de tus fotografías.

De eso va a tratar este articulo. Nos basaremos en aquello que se estipula para escribir crónicas de viajes y lo adaptaremos al contexto fotográfico. Estoy haciendo la suposición de que eso es lo que quiere hacer quien lee esto y basándome en esa suposición paso a hacer mis recomendaciones:

Lo primero es: Haz tu tarea. Si creías que al irte de viaje y colocar en una maleta ropa caliente o no, ropa para hacer deporte o no, libros, regalos, cámara (¿en la maleta?), lentes, memorias, de repente un visor, laptop, cables, tener listo pasaporte, dinero, reservaciones hoteleras y todo aquello era lo único que necesitabas, pues estás equivocado. Si quieres tomar fotos que cuenten un viaje de forma interesante, no sólo tienes que tener en cuenta todo lo anterior sino que además, tienes que hacer una investigación detallada y minuciosa.

¿Vas a visitar Paris? ¿Cuáles son los lugares emblemáticos? ¿Te interesa el Louvre, los Campos Elíseos? Si tu respuesta es positiva entonces tienes que revisar qué fotografías han hecho otros antes que tú y decidir qué tipo de imagen quieres hacer. ¿Quiere simplemente registrar el momento como recordatorio para, digamos, saber que estuviste? ¿O de repente sabes que la Torre Eiffel es ese algo que de seguro te impresionará hasta quitarte el sueño? Tendrás entonces que buscar el ángulo correcto; ese que le muestre a tus “lectores” que ese monumento en particular hizo “¡¡wow!!” en ti y la mejor manera de lograr eso es ver el efecto que produjo estar ahí a otros fotógrafos y cómo resolvieron ese reto. Puede que no te inspiren sus imágenes pero al menos ya sabrás cómo no hacer esa toma en específico. De las cosas que no nos gustan también aprendemos y tu mente tiene que estar abierta a decir: “Bueno, he visto estas fotografías de Ansel Adams y estas otras de Robert Capa; no me impresionan demasiado. Lo haré diferente. ”

El hecho es que te recomiendo ampliamente ir a Google y mirar imágenes hasta que los ojos se te pongan cuadrados y tengas que usar lágrimas artificiales porque los condenados se sienten como lijas al cerrarse de tanto tiempo que estuviste al frente del monitor. Eso vale tanto para un viaje como para inspirarte en tu trabajo cotidiano.

Todo esto no significa que tendrás planeado tu excursión fotográfica hasta el último de los detalles. La espontaneidad y la captura del momento es algo no solo deseable, sino mandatorio, pero el tener imágenes de otros dentro de tu cerebro puede ayudarte en esos momentos en que estás, por decirlo, en Picadilly Circus y casi te atropellan y haces un inconsciente download de ese contenido y muy probablemente como resultado, no sólo tuviste la inspiración sino la presencia de ánimo suficiente para hacer algo distinto.

Un “buen cronista” es curioso, observador, sabe que una imagen (y aquí entro en modo cliché) “vale mil palabras” y tiene que estar con las antenas bien puestas todo el tiempo; No debe tenerle miedo a ser voyerista, a entrometerse un poco en la vida de los demás, a buscar situaciones de alguna manera insólitas; atreverse a conversar con el desconocido; a salir de su zona de confort, a volver una y otra vez al mismo sitio hasta conseguir lo que quiere y ya que me metí con aquello de volver al mismo sitio, quiero introducir,

saltándome los órdenes establecidos en mi planificación, otra regla: Aléjate de tu grupo.

Eso suena un poco duro. Pero a menos que vayas en una expedición netamente fotográfica, si viajas con tus amigos y/o familia van a querer hacer una fogata con “!ese maldito aparato!” mientras bailan alrededor de las llamas muy poco después de haber llegado a tu destino soñado. ¿Qué hacer? Levántate más temprano que todo el mundo y sal con tu cámara. Tómate hora y media y ve con calma sabiendo que no tendrás fotos borrosas culpa de la licuadora en la que se convirtió el autobús en la que todos iban conociendo la ciudad. O disfruta de la tranquilidad de no tener a tu pareja pidiéndote que te apures que ya los demás están tres o cuatro cuadras adelante y “caramba, esta calle no era. ¿Viste? Nos dejaron atrás porque tienes ese aparato pegado al ojo y ahora ¿que hacemos?, ¿tienes euros para tomar un taxi? ¿Queeé? ¿No sabes cuál es el hotel?” Bueno. Ya sabes lo que sigue.

Sólo levantándote muy temprano en la mañana y sacrificando tus amados huevos benedictine puedes tener la calma necesaria para que tus ojos entren en calor. Tómate tu tiempo para esos momentos en que sacas la cámara, tienes todos los parámetros listos, el lente es el correcto y una luz buenísima, esos momentos en que tus ojos saben que salieron a trabajar y que pueden ser interminables; sólo cuando a ellos les da la gana de funcionar fotográficamente puedes captar cosas interesantes para ti, como las imágenes que acompañan este artículo, que tomé después de merodear cerca de veinte minutos sin que nadie ni nada interesante se presentara.

Para cerrar y en línea con eso de atreverse a salir de tu zona de confort, Kavafis y su poema “Itaca”:

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
Pide que el camino sea largo
Lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
Ni al colérico Poseidón,
Seres tales jamás hallarás en tu camino,
Si tu pensar es elevado,
Si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
Ni al salvaje Poseidón encontrarás,
Si no los llevas dentro de tu alma,
Si no los yergue tu alma en ti.

Hasta la próxima.

Contacto:
Mariflor.cruz@gmail.com

(Leer en la revista)