#LaPajuela | La MAU…

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Las genialidades ocurren cuando salta la chispa de una buena idea y los conocimientos que se tengan para echarla a andar. Eso pasó con Rock and MAU, una apuesta de Álvaro Paiva y Diego “El Negro” Álvarez para darle un matiz distinto a la música tradicional venezolana.

La fórmula mágica consistió en unir los seis ensambles de música instrumental que tocan en la Movida Acústica Urbana con un grupo de intérpretes pop y rock que se entusiasmaron con la propuesta. Entonces, apareció la música de grupos como La Vida Bohème, Rawayana o Viniloversus entonadas como un vals o un tamunangue, por ejemplo.

Pasó el primer concierto en vivo, luego otro y otro. El país se enteró de la novedad y caló. Un CD y un documental son ahora un eco del talento que no tardó en multiplicarse de mano en mano entre quienes se interesaban por probar la valía del material musical. A ese ritmo, alguna tienda puso a sonar el disco en los altavoces para agradar a los clientes o algún café quiso cambiarle el ritmo al postre subiéndole volumen a esa mezcla de voces sazonadas con una melodía distinta a la acostumbrada.

Así se coló en la playlist de miles. Sigue haciéndolo, sobre todo, con el lanzamiento de “En el sur”, el único tema inédito, por ahora, de Rock and MAU. Lo compuso Servando Primera y es para los venezolanos un relato de una de las más duras cuotas que nos cobra el país: la emigración.

A la MAU se le escucha, se le aplaude y se le sigue porque de vez en cuando necesitamos recordar quienes somos y para qué luchamos.
@Marlyn_Silva

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#LaPajuela | Gusto o recurso.

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Al entrar al estudio de un fotógrafo de voz tenue y hablar pausado, el cerebro —racional y aburrido— imagina que su ambiente de trabajo se asemeja al de un monasterio. Paz y silencio. Paz había. ¿ Cómo no ?, cuando se está rodeado y en constante creación de arte. Pero el silencio tomó su pase libre y se fue de paseo.

Entonces, ves a este profesional sentando frente a su computador en plan de editor de fotos. Luego, los murmullos entre los presentes son opacados por un sonido más agradable: la música. En ese punto, uno espera que, por la naturaleza paciente e incluso solemne de aquel hombre, el único sonido agradable a sus oídos sean piezas como las de Mozart. Sin embargo, la expectativa te sacude a escala Richter cuando la voz de Jason Mraz endulza las cornetas, los oídos, y las sonrisas.

Desconozco si aquella selección responda al gusto del fotógrafo o simplemente fue un intento de suavizar la atmósfera para relajar al modelo de turno, un muchacho que posa simulando tocar una guitarra. Pero, ¿por qué no hacer la prueba ?, Jason Mraz ayudaría a relajar los músculos cuando se tiene frente al lente el trabajo de retratar un joven en su primer encuentro con la cámara.

De hecho, sumémosle kilometraje a este vehículo llamado música. En lugar de Mraz, hagamos la prueba: Simón Díaz, AC/DC, Jennifer López feat Pitbull y un prolongado etcétera de géneros musicales. ¿Por qué recurrir al elevado coeficiente intelectual y capacidad creativa de “cantantes” como Pitbull?, Sencillo: La desesperación tiene nombre cuando notas cómo una bebé de un año decide, después de una hora de llanto ante los flashes, deleitar a quien la retrata con su mejor colección de sonrisas al escuchar On the floor, uno de los tantos dúos del puertorriqueño.

Gusto o recurso, esa “sucesión de sonidos modulados para recrear el oído” que define la RAE como música, nos remienda el alma a todos, sin distinción, regalándonos dosis de endorfinas sin calorías, sin remordimientos.

En esta columna, la pajuela dejará de ser instrumento para convertirse en inspiración, o tal vez, solo sea un vil eco que le da nombre a un tormento de ideas que encuentran paz cuando las teclas del computador suenan sin parar. Una u otra, ella me dejará probar que la música es la menta que nos refresca el pensamiento, estemos tristes o contentos, seamos filósofos, carpinteros o “bichos” que miran distinto.

@Marlyn_Silva
Fotografía:

Gilles Grivolla, por Ricardo Arispe.

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