#LaCámaraErrante | Koudelka

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En la edición pasada les presenté un fragmento del poema “Itaca” de Konstantin Kavafis. En él, y durante toda la obra, el poeta hace referencia al mítico viaje de Ulises en la Odisea, escrita por Homero de quien no se sabe mucho. Ahí se narra la vuelta de Ulises hacia su patria Itaca al finalizar la guerra de Troya. Kavafis proyectó en esta obra su visión de la vida, utilizó la leyenda del largo viaje y la asoció con la idea de conseguir los sueños. Aquí termino transcribiendo el resto del poema:

“Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
En que llegues ¡con qué placer y alegría!
A puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
Y hazte con hermosas mercancías,
Nácar y coral, ámbar y ébano
Y toda suerte de perfumes sensuales,
Cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
A aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar ahí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
Y atracar, viejo ya, en la isla,
Enriquecido de cuanto ganaste en el camino
Sin aguantar a que Itaca te enriquezca
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Asi, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
Entenderás ya qué significan las Itacas”.

En la cultura de occidente, Itaca connota meta, llegada, logro. El poema, sin embargo, coloca el énfasis en la importancia del recorrido, un camino que debe estar abierto a todas las experiencias que constituyen la vida, los goces del mundo, la adquisición del conocimiento; el viaje que es, en si, la vida.

¿Que tiene que ver todo esto con fotografía? Pues que viajar implica de alguna manera un cambio. Una mudanza, un traslado. Viajar trae la idea de movimiento y fluidez. En un viaje hay intercambio de ideas, de visiones y pensamientos. Si abres tu mente a estas posibilidades serás un viajero; no un turista más y tu fotografía mostrará eso. Y podrás pintar una escena; describirla sin necesidad de palabras. Hacer una verdadera crónica de un viaje que inclusive pudo haber sido solamente interno.

Eso me trae a Josef Koudelka quien para mí es un paradigma del fotógrafo viajero. Comenzó a captar imágenes a los catorce años. Estudió ingeniería y se graduó en 1961 a la par que montó su primera exposición. Años después, dejó la ingeniería para dedicarse de lleno a la fotografía. En una entrevista para LOOK3 (Charlottesville Festival of the Photograph), Josef explicó que la libertad era una cosa esencial en su vida. Haciendo imágenes de producciones teatrales –sus primeros encargos- insistió en que le permitieran caminar entre los actores durante tres funciones. Evaluaba los resultados cada noche y procuraba mejorarlos en la siguiente sesión. Estaba tratando de hacer algo artístico a la vez que documental.

Mientras, viaja a Rumania y a Checoslovaquia y surge su primer proyecto “Gitanos”.

Según Anil Ramchand para Corbis, Koudelka recuerda como si fuera ayer cómo el pueblo entero caminó hacia él mientras se acercaba. Construir una relación con ellos era muy importante de manera que no comenzó a fotografiar enseguida. En lugar de eso, Josef compartió con ellos su amor por la música folclórica reproduciendo canciones en una vieja grabadora que llevaba. Eso ganó su confianza y mostró la profundidad de su personalidad.

En agosto de 1968, regresó a Praga y unos días después, los rusos invadieron. A pesar de no ser un individuo valiente, según dijo, su primera reacción fue tomar la cámara y capturar imágenes más para él mismo que para publicarlas.

Sus negativos fueron “extraídos” de Praga y entregados a Magnum bajo el nombre de P.P. para proteger su identidad. Josef Koudelka ganó la “Medalla Dorada Robert Capa” por este trabajo y aún bajo anonimato, dejó el país temiendo por su vida.

A partir de entonces, Koudelka se transformó en los gitanos que fotografió. Viajaba y aun lo hace, con cierta compulsión, con un saco de dormir, nunca permaneciendo más de tres meses en un mismo sitio, fotografiando para sí, nunca tomando un trabajo a tiempo completo. “Necesito viajar. Si permanezco demasiado en un solo sitio, encegueceré”

Vinieron más libros y más premios. Josef dejó de usar la 25 mm y cambió a panorámica. Aprendió a componer y su sentido minimalístico continuó. Comenzó a hacer paisajes y dejó a la gente de lado porque también disfruta de estar solo. Camina solo, sintiendo el lugar tanto como percibió el teatro y va a sitios porque sabe que hay una foto esperándole.

Aunque muchas de las fotografías de Koudelka celebran la vida, muchas otras son oscuras y tristes; pesadas y melancólicas. Cuando una periodista le preguntó si sus imágenes mostraban su visión del mundo contestó: “la madre de mi hijo, una señora italiana, me dijo una vez `Josef, vas por la vida y tomas toda esa energía positiva, y toda la tristeza, las tiras tras de ti y las dejas caer en el morral que llevas sobre tu espalda. Entonces, cuando fotografías, todo eso sale’
A lo mejor podría haber algo de verdad en eso”

Entonces: Ya preparaste tu viaje, investigaste el tipo de tomas que vas a hacer, es temprano, has sacrificado tu desayuno, tus compañeros de grupo están todavía durmiendo. Tienes tu ruta, has chequeado concienzudamente tu equipo, tienes suficiente memoria, la cámara tiene batería y llevas una de repuesto. A la calle.

Mientras paseas, recuerda a Josef Koudelka a quien no le interesaba hablar sobre sus fotos sino que dejaba que ellas hablaran por él. Observa todo con detenimiento, los colores, las texturas que te rodean. Conviértete en una esponja y absorbe todo lo que puedas. Como si tu mente fuera un pequeño libro de anotaciones en el cual no falta nada de lo que estás sintiendo. Luego enciendes tu cámara y empiezas a disparar. Sin prisa, sin pausa. Sin revisar tus tomas. No edites todavía. Camina un poco más. Detente un rato y sigue observando. Siéntate al lado de esa persona que te llamó la atención y comienza a conversar con ella. Ojo, es más fácil decirlo que hacerlo. Lo sé. He estado ahí; pero hay que intentarlo y si lo haces con genuino interés, lograrás que las tomas subsiguientes fluyan y tu visión única de lo que te rodea saldrá a flote junto con tu personalidad. Tus fotos sobresaldrán. Serán relevantes. Sobre todo para ti.

Dime ¿qué piensas sobre lo arriba expuesto? ¿Es letra escrita con sangre? ¿Crees que hay otras teorías? ¿Otros métodos, quizás? ¿Cuál es tu rutina? ¿Cómo te acercarías a tu próximo viaje? ¿Cómo lo has hecho hasta ahora? ¿Cuál es la imagen de tu última escapada que más te enorgullece? ¿Cómo la lograste?
¡Escribe! Me interesa tu opinión.

Hasta la próxima.

Contacto:
Mariflor.cruz@gmail.com

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