#Latencias | Las dos Lucías

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Sentada en la improvisada grada al borde de la carretera, rodeada de maleza y apenas iluminada por el moribundo resplandor de la titilante luz de un poste, Lucía supo que ya no sería la misma.

Creyó estar sola, pero cuando levantó la mirada como buscando señales en el horizonte ennegrecido por la noche, se vio a sí misma. La niña que fue estaba a su derecha.

La miró con ternura y hasta percibió en ella un poco de pena, quizás de nostalgia. “¿Eres tú?”, dijo. “Soy tú”, creyó oír.

La vio inocente, con una semidesnudez sin imposturas y el cabello recogido en un moño hecho con apuro porque siempre le fastidió tener que arreglarse como le pedía a cada rato su mamá.

“¿Qué será de ti, mi pequeña Lucía?, ¿Adónde te irás?”, susurró.

La niña cruzó los brazos.

“Te tengo frente a mí y ya te extraño. Me van a hacer falta tu ignorancia, tu osadía, tus imprudencias, tus verdades dichas sin malas intenciones, tu inconformidad, tus rabietas, tu risa… tu falta de preocupaciones…”.

“Este es un adiós sin pérdidas”, escuchó sin ver mover labios.

“Te guardo las muñecas y las lagartijas, las carreras y los cuentos, la luna y la piscina, la bicicleta y las rodillas rasguñadas, los abrazos de papá y mamá y las noches de fiebre, los creyones y el chapoteo en el río, el ocio y el tiempo sin prisas…”.

Lucía se impulsó con los brazos y saltó al pavimento… Comenzó a caminar por el borde de la carretera, poniendo con cuidado el talón de un de sus pies sobre la punto del otro… como si buscara los pasos de su niñez…

Créditos:

Texto:
Juan Antonio González

Fotografía:
Autora: Yee Tan Ho Cheng (Valencia, estado Carabobo, 1976). Diseñadora gráfica y fotógrafa, formada en Roberto Mata Taller de Fotografía. Participó en el proyecto colectivo 52 ½ en Facebook.
Web: http://www.yeetanho.com

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