#Mute | Re-vernos

Como aquellos actores revelación del año, el popular selfie (autofoto), llegó un día de forma sorpresiva y para quedarse. A través de las redes sociales, los hemos visto en días de paseo, mostrando el maquillaje nuevo de muchas chicas, debajo del agua, de artistas, en las movidas nocturnas, saltando en parapente o peligrosos como el de un hombre en el brazo del Cristo de Corcovado en Río de Janeiro. Para algunos, se ha convertido en un requisito indispensable para mostrar su vida paso a paso, podría aventurarme a decir que en ningún momento de la historia de la imagen se han producido tantos autorretratos.

Esos segundos de silencio con esa sonrisa o mueca sostenida pueden ser señalados como otro signo de superficialidad y egocentrismo más de nuestros tiempos; sin embargo, creo que es necesario profundizar un poco más en esta curiosa práctica. Con el lente de nuestra cámara hemos apuntado a la naturaleza, a nuestras musas, al espacio, a la “nada”, a lo cotidiano, en un esfuerzo insaciable de capturar a nuestro entorno; de arrancar ese trozo de belleza a lo existente. Qué curioso que ya hemos incluido en nuestra lista de fotografiables a nuestra propia humanidad. Hemos percibido el vestigio de belleza de la propia cotidianidad, hemos posado nuestra mirada sobre nuestra vida como hecho creado y digno de ser fotografiado.

¿Qué vemos en ese autorretrato?, que valga señalar pasa por los miles de ensayos y descartes antes de ser publicados en las redes sociales, no podría precisar dicha respuesta pero, sí qué buscamos en este ejercicio fotográfico: buscamos re-vernos, buscamos volver a ver ese rostro que aparece en el espejo de la mañana y que se ha quedado capturado en nuestra memoria durante el paso de los años de nuestra vida. Buscamos vernos desde nuestros ojos, en nuestras diversas facetas, que otros vean cómo nos percibimos, jugamos a ser unos ojos extraños que desean ser maravillados por un ángulo sorpresivo de nuestra propio ser.

Yasury Romero.