#UnCuartoParaLasTres | Revelaciones karmáticas.

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La primera vez que entré a un cuarto de revelado, era mi primera práctica de fotografía y solo pensaba en tres cosas: primero, que a ningún saboteador se le ocurriera abrir el cuarto, ya que se ganaría un saludo a “su madre” y yo un cero en la materia; segundo, que usar una cámara prestada pesaba más que la cuota vencida del semestre; y tercero, que tendría que revelar el rollo de mi compañera (y dueña de la cámara) Laura Patricia, a quien cariñosamente y sin que ella lo supiera, le decía LAPA, ya que siempre pensé que mi ascendente criollo astral era un cachicamo y que debía devolver los favores haciéndole el trabajo a los demás.

Laurita no se decide entre ir a comer pizza o pasarme el papel para hacer la hoja de contactos, por lo que le recomiendo que mejor vaya a comer su ensalada para no romper la dieta, pero que antes me pase los negativos que vamos a ampliar. Falta poco para terminar la clase y me estresa el no saber a qué tamaño debo ampliar o cuánto debo exponer, que se me dañe el papel, que la mujer no se coma la ensalada… en fin, solo quería obtener al menos una foto decente y seguir por el mundo con la rebeldía de capturar la vida en mi compacta de no sé cuántos megapixeles mientras los profesores se curtían entre la sal de plata y el fijador.

Producto de una revelación (bueno, literalmente, lo fue) o una conspiración karmática, cuando la luz empezó a hacer efecto sobre el papel, una imagen se me hizo familiar: chaqueta oscura, sombrerito de gamster y ese saxo; estabas tú en la foto, igualito que cuando te dejé de ver. Desde niña me había preparado por si se me aparecía la virgen María o el Silbón, pero verte en el papel después de tanto tiempo era como si me salieran los dos al mismo tiempo.

No sabía a quién deberle el honor de tu presencia en mi bandeja de positivos diez años después. Solo supe que la próxima vez revelaba mi rollo impregnado de florecitas silvestres y perritos corriendo, en vez de conseguirte en la cámara de otra persona, aunque paradójicamente, debo aceptar que eso de conseguir fotos que no queremos en las cámaras de otros ya es algo perfectamente normal.

Mientras me debatía entre dejar pasar más la luz para quemar lo que veía, o si poner a escurrirte en la zona de secados, se hacían las 2 de la tarde. Me sonaba la barriga y pensaba que la pizza hawaiana era tu favorita, porque te encantaba el sabor de las ruedas de piña con la salsa de tomate; no entendía por qué seguías usando esa chaqueta que te regalé por culpa de mi mamá en tu cumpleaños, o por qué todavía no entendías el significado de la palabra “Gel de cabello” y dejabas a un lado aquel sombrero. Quería preguntarle a LAPA por tu procedencia, pero no hubo tiempo para armar la pregunta cuando ella me dijo: “El de la foto es mi nuevo galán”.

En ese cuarto nos volvimos a encontrar. Ahora éramos 3 conocidos: nosotros en el pasado y ustedes en el presente. ¿Estaríamos los 3 en el futuro?, solo sé que dejé escurriendo los recuerdos en la zona de secado, mientras me preparaba para revelar una copia más de tu foto.

“Son un cuarto para las 3”, me dijo Laurita. Ya me tengo que ir…

unCuartoParaLasTresAgosto2013

Contacto:
yosselynn@gmail.com
@yosselynn

Fotografía:
Ricardo Arispe, de la serie #WalkingParís
Ricardo.arispe@gmail.com
@rarispe

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